LA VIDA DE SANDRA (IX): La Despedida
Una vez en la cocina Sandra preparaba los cafés mientras pensaba en lo que le estaba sucediendo, no llegaba a entender porqué estaba sucediendo esto, al mismo tiempo que intentaba luchar consigo misma por lo que estaba sintiendo y lo que estaba “emergiendo” en su interior. Ella nunca imaginó que pudiera llegar a excitarse con todo aquello que estaba viviendo.
Cuando estuvieron los cafés, Sandra llegó con la bandeja donde estaban Miss Clara y el Señor Garcés, la apoyó encima de la mesa y los sirvió en las tazas 2 terrones de azúcar para el Señor Garcés y sacarina para Miss Clara. Les extendió la taza a ambos, y sin mediar palabra se puso a los pies de él, a lo cual este correspondió con una caricia en su cabeza, le había gustado como Sandra espontáneamente adoptaba esa actitud tan sumisa.
Tras el café Miss Clara levantó a Sandra y la llevó al centro del salón, la inclinó hacia delante y con la fusta comenzó a azotarla. Sandra no se movía, aguantaba estoicamente cada uno de los azotes, apretando los dientes cuando a Miss Clara se le iba un poco la mano. Miss Clara le dijo: - escucha atentamente … a partir de ahora estarás a nuestra merced y te encargarás de nuestro bienestar y nuestra felicidad, pondrás todo de tu parte para que así sea, no esperarás a que te pidamos nada, siempre te adelantarás a nuestros deseos, y no tendrás derechos, sólo obligaciones. Tu voluntad ya no te pertenece, aunque para los demás seguirás siendo Sandra Swan, esa altiva y orgullosa ayudante de dirección, para nosotros serás nuestra perra, esa que nos sirve y que disfruta haciéndolo entendido?
- Guau asintió Sandra una vez más.
- Muy bien perra, ahora ven aquí, quiero que me demuestres tu gratitud hacia mi, quiero que me agradezcas todas y cada una de las molestias que me estoy tomando contigo. Quiero que me comas el coño, quiero sentir como tu lengua recorre cada rincón de mi sexo, quiero ver como anhelas el jugo de tu maestra, quiero que desees que me corra, así que esmérate, quiero ver como me haces gozar.
Sandra se colocó de rodillas delante de Clara, al principio tenía dudas y sintió rechazo, ella era heterosexual y nunca había tenido relaciones con personas de su mismo sexo, pero hizo de tripas corazón. Hundió su boca en el coño de ésta y empezó a pasear su lengua por él, estaba muy húmeda, lamía los flujos de Clara haciéndolos suyos, paseó su lengua por su clítoris, dibujando círculos en él, se estaba recreando en él, pues observaba por los movimientos de Clara que estaba gozando del momento. El Señor Garcés se levantó, y cogiendo la fusta que había dejado Clara en la mesa, comenzó a azotar a Sandra haciendo que esta se esmerase en sus movimientos, la azotaba mientras le comía el coño Clara agradeció a Eduardo su colaboración, pues con los azotes Sandra había acelerado el ritmo. Sandra sorbía con su boca el clítoris que estaba hinchado. De repente Clara le pidió que no parase con la lengua, que siguiera pues quería corrérse al mismo tiempo que apretó la cabeza contra su coño, mientras el Señor Garcés seguía azotando a Sandra.
Muy bien perra, me has hecho gozar, eres buena y me lo has demostrado, así que será buena contigo puedes hablar, quiero oír tu voz.
- Gracias dijo Sandra, muchas gracias Señora. Ha sido un placer para mi que haya disfrutado.
- De nada perra, así me gusta que seas agradecida. He de decir que me lo he pasado muy bien contigo, ha sido un placer que Eduardo me haya concedido este honor, sigo opinando que eres buena y así lo has demostrado, así que espero que nos volvamos a ver. Aun te queda mucho por aprender.
Miss Clara se levantó, era tarde y tenía que marcharse. Ambos la acompañaron a la puerta y se despidieron de ella, Sandra pensó que seguramente por las palabras de Clara, no sería esta la última vez que la vería.
Se quedaron solos a lo que el Señor Garcés indicó a Sandra que se pusiera a 4 patas y que le siguiera, llegaba la hora de que ambos también se despidieran, pues se estaba haciendo tarde.
Sandra hizo intención de ponerse de pie, a lo que el Señor Garcés puso freno, le dijo que no se levantase que ellos dos no habían terminado aun.
- Bien perra, ahora en breve yo me marcharé, pero tu te quedarás aquí, quieta, esperando que vengan a por ti. Mandaré a mi chofer a por ti, él se encargará de llevarte a casa y dejarte sana y salva. Antes te prepararé para cuando me marche, quiero asegurarme que estarás aquí, y que no habrás cometido la tontería de intentar marcharte sola, así que acompáñame.
Sandra fue tras él, hasta llegar a una habitación cerrada y oscura, una simple bombilla con una luz tenue iluminaba la estancia.
El Señor Garcés ató los tobillos de Sandra, para luego hacer lo mismo con sus muñecas, dejándole las manos atadas a la espalda.
- Bien Sandra mírame, antes que termine contigo te voy a dar unas instrucciones: 1. Nada de esto habrá pasado, nunca lo comentarás conmigo ni con nadie, 2. Me tratarás con respeto, sólo tu y yo sabemos lo ocurrido y cuales son tus deberes, 3. Sigo siendo tu superior, y tu mi ayudante, pero eso no te exime de complacerme en cada momento, siempre que yo te lo requiera, 4. Recuerda las normas de la empresa: puntualidad y el vestuario, 5. Sé humilde conmigo, tu altivez y orgullo conmigo no te lleva a ninguna parte. Tienes algo que alegar?, si es así puedes hablar.
- Nada Señor, no hay duda alguna, así será …
Eduardo procedió a terminar lo que había empezado, así que arrodilló a Sandra, unió las cuerdas de sus manos y tobillos, le tapó los ojos y la amordazó, dejándola sola.
- Adios Sandra, nos vemos el lunes en la oficina.
La puerta se cerró, y Sandra oyó como el Señor Garcés abandonaba la casa.
CONTINUARA …
Sexcrito por sexy-girl


miotrolado dijo
jder,.... menuda historia, espero que no se termine asi eh?¿?
Espero poder leer alguna historia mas como esta, pobre chica,... aver el lunes como le va en el curro,
Saludos i besos
2 Mayo 2008 | 05:42 PM